A pesar de que todo el horizonte esté tapizado por el verde, el azul, y los granos de arena sean infinitos; a pesar de la risa humana, a pesar del abrazo y de que afuera haya miles de millones de posibiliades con las cuales poder contar. A pesar de que podría ver incontables veces volar las hojas secas, aguantar más de un minuto la respiración, a pesar de Brahms, de los solsticios, de que podría romper todas las reglas; a pesar de que podré sentarme rodeado de amigos en el parque o que un hijo encantador venga corriendo a mí envuelto en una carcajada. A pesar de eso hoy decido morirme.
Esta carta fue encontrada por la policía de Bogota minutos después de que Federico, de 23 años, haya llamado a la policía para informar su próximo deceso. "Cuando lleguen ya estaré muerto. Pero no quiero apestar el lugar", fueron sus últimas palabras –dichas a una grabadora en la central de policía. Tardaron en contestarle.
La causa de su fatal decisión fue "una garn depresión", dijeron sus padres y su psiquiatra, Alejandro Rico.
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