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19.2.10

Bestiario III. La fiebre del valle del Janto





Según textos hititas, un pueblo llamado Lukki o Licio, que habitaba en el valle del Janto, descubrieron el misterio de la diosa Nakhtu, la cual varias especulaciones la relacionan con la deidad sumeria Nammu. Se dice que este pueblo marino conocía las rutas del desierto por donde vagaba Nakhtu, debido a que aprendieron con exactitud el lenguaje de las estrellas.

El documento hitita lo dice así: “No había impresión en la tierra que un lukki ignorara; para aquellos las luces del cielo, más que alumbrar las oscuras noches de Janto, esclarecieron su poder de conocer el espacio, aun sin tener que pisarlo o mirarlo”. Una noche la diosa descubrió montículos de piedras en lo sitios por donde caminaba en el otoño, lo que la llenó de furia y maldijo a este pueblo sensato. Sigue el relato: “Introdujo una calamidad en un mosquito único de la región del valle de Janto. El artificio de la diosa se propagó en el valle como la malaria".

"En poco tiempo, los cartógrafos se veían asechados por las cosas inertes del mundo; la vida cobraba más vida: la pesca era tan abundante para un enfebrecido, que los peces saltaban a su barca y la hundían. El amor de un lukki por cualquier cosa avivaba un arrojo que conducía a la muerte la mayor de las veces”. No debemos sorprendernos al negar que la extinción de este pueblo tan intuitivo fueron las invasiones de pueblos vecinos que existieron en la región, no así con el mosquito, que vuela todavía en nuestro tiempo.

14.5.09

Bestiario II. Bunyips


El relato fantástico no ha logrado darle su justo lugar. El saber acerca del Bunyips abunda en el sesgo y la inconsistencia debido a que éste devora a todo humano o animal que pasa cerca de él. Hasta hace poco tiempo fue casi imposible tener un testimonio. A mediados del siglo pasado, el apasionado biólogo irlandés Halan Wostl convivió por más de cuatro años con los aborígenes australianos –Australia es la habitación única de los Bunyips– donde afirma haber visto en la lejanía a esta criatura descansando en un pantano en la provincia de Darwin. Aquí citamos una síntesis entre el testimonio aborigen y la narración científica. “El Bunyips o también llamado Wowee Wowee habita en ciénagas; su cola se asemeja a la del pez y el pico es como el de los emúes. Varían de tamaño según el lugar y la estación del año: su dimensión oscila entre la de una gran tortuga o el de un elefante del Asia”, escribió Wostl en su bitácora. Los decesos de aborígenes u hombres blancos en la actualidad son atribuidos a la voracidad de los cocodrilos, alegando que toda palabra sobre el Bunyips es mera ficción de los pueblos primitivos. La academia de Oxford niega toda certeza científica en los estudios de Halan Wolts en Australia.



Fotografía: Tomada por Halan Wolts en uno de sus recorridos nocturnos por los pantanos de Australia.

10.5.09

Bestiario I. Doppelgänger


Invisible para la mayoría de los seres humanos, aunque podemos sugerir su existencia por circunstancias especiales: Los registros atribuyen su aparición de manera espontánea y fugaz en la mitad de los largos viajes de caravanas de beduinos, y otros tantos los conocen descritos en la agonía de alpinistas en los Himalayas. Todos tenemos un Doppelgänger o un doble. Aunque su afirmación es cuestionable, Flavio (Magia magna, III) asegura que si observamos con detenimiento nuestro reflejo en el río, aparecerá nuestro doble mirando las mismas aguas detrás de nuestro hombro.